Lejos de reprochar nada de lo que sucedió, este mundial significó para mi un recambio, una transformación. Un retorno a una parte mía que enterré allá en el año 98, cuando en Francia, los holandeses nos dejan fuera de la copa.
Yo tenía ¿nueve? nueve años, más o menos. Nunca me había entusiasmado tanto con un mundial. Me pinté la cara, me enfundé una bandera y me senté a ver el partido. Lo que sentí ese día fue dolor. Lloré, cuestioné, putié. No quise salir a bancar nada. No quería volver a intentar sentir pasión de fútbol por nada y por nadie. Y eso hice los años siguientes.
Días antes de este mundial, comenzamos a barajar la idea del antimundialismo, llevar la contra y buscar quedarnos fuera de posibles desengaños. Seamos sinceros, pocos creíamos en esta selección. En Messi, en Mascherano, en Romero, en Rojo en el Pocho.
Yo veía de reojo, y recordaba. No quería volver a esa sensación de derrota, de entusiasmarme por algo y ver que se me escapaba de las manos. Me había pasado en aquella ocasión y no estaba dispuesto a sentirme así de nuevo.
De pronto, de nuevo Holanda. Una catarata de sensaciones, miedos y entusiasmo se me desató adentro ¿Qué chance teníamos de ganar esta vez? El mundial había sido hermoso, divertido, con partidos increíbles. Pero ¿Holanda? Holanda.
Y ahí los vi salir, como leones a la cancha. A Rojo, a Higuaín, a Mascherano con unos huevos tremendos ¡A Romero! llegaron los penales. Sufrí, lloraba, sentía que iba a ser todo igual, pero no. Esta selección dio vuelta esa página negra y pasamos. No solo eso, llegamos a la final ¡A la final de la Copa del Mundo!
Sentía que era para mi, que lo que había visto en la cancha esos días me había devuelto la fe y el amor por la celeste y blanca. Sentí ganas de ver un partido, de corear todo el día "Brasil decime que se siente". Me volví a enchufar a un sentimiento que hacía años había dejado escapar, y eso es impagable, hermoso, invaluable.
Llegó la final, y no llegamos. El desaire es inagotable. Repasamos todo, mentalmente porque no lo queremos ver, pero sufrimos y nos preguntamos por qué no nos tocó esta vez. Por qué esta selección quedó segunda, y no pude festejar ser campeón del mundo.

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