viernes, 31 de mayo de 2013

Opinión precoz.

Terminó finalmente el conflicto que había tomado relevancia nacional entre el Gobierno de la provincia de Tierra del Fuego y el gremio de los docentes. Luego de 3 meses y 18 días como bien contabilizaba hoy "El Diario del fin del Mundo", el acuerdo alcanzado ayer terminó con la ocupación de Casa de Gobierno y la vuelta a las clases en el territorio provincial.

Durante el conflicto todos opinaron. Y me alegra que así sea, porque habla de nuestra capacidad como periodistas de generar opiniones en torno a los hechos donde esperemos, tratamos de trasmitir las noticias de la forma más objetiva posible (Aunque suene imposible).

Lo que me llamó la atención, me hizo ruido y cuestioné en más de una ocasión fue la opinión cruda de muchos periodistas sobre el tema. Al aire en el micrófono o detrás de las letras de una publicación, muchos se dieron el lujo de despotricar contra los docentes o contra el gobierno, dependiendo el caso.

¿Está mal opinar? Para nada ¿Está mal que en pleno conflicto los periodistas tomemos postura por uno u otro bando? Puede ser. Y no sólo me remito a las declaraciones en torno al tema de la semana.

También hay quienes opinan sobre co participación, sobre los fondos que no tienen los municipios, hay quienes incluso impulsan con sus palabras un "juicio políticio" y las "denuncias ante la justicia" hacia la gobernadora/intentente/legislador quién sea que esté en el centro de la tormenta en ese momento. 

Creo que ante un conflicto en desarrollo, como pudo haber sido durante estos tres meses y 18 días el de los docentes, la opinión debe ser reservada. Que nos debemos limitar a informar quién dijo qué cosa, qué hizo qué sector, y finalmente cómo se resolvió. Contar la historia completa, y después opinar. No se debería opinar de una película sólo mirando 15 minutos de la misma ¿O si? 

El conflicto docente terminó, y hoy ya me di la libertad personal de opinar al aire sobre el tema. Me queda la duda en todo caso, de cuál será el comentario de los que hicieron a mi entender análisis prematuro del tema y que sufren a diario opinión precoz. 

lunes, 6 de mayo de 2013

No es periodismo, es comunicación.


Mi nombre es Pablo Esteban Riffo Torres. Nací un 17 de febrero de 1987 en el barrio de Almagro, en Capital Federal. Dios y la vida me han llevado a vivir en varias ciudades patagónicas, por lo cual mi nacimiento en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires es a lo mejor una mera casualidad, si es que creyera en ellas.

Hace poco más de tres años que me dedico exclusivamente al trabajo en medios y agradezco esto. Mi corta carrera empezó hace unos años en Comodoro Rivadavia, trabajando en una consultora de Comunicación auditando medios y desgrabando entrevistas. Obviamente en ese momento nadie me alertó que me estaba metiendo en el vasto mundo del periodismo.

La inquietud, la intriga, la curiosidad que ya tenía adentro surgieron con fuerza la vez que tuve chance de sentarme detrás de un micrófono y hacer preguntas a mis primeros entrevistados años después en la ciudad de Río Grande, en Tierra del Fuego.

Era cuestión de tiempo para  que yo sin dudar respondiera “periodismo” ante la pregunta “¿A qué te dedicas?”. Lo hago porque así lo siento, porque a eso me dedico más allá de los títulos y papeletas. No era de hacerlo, siempre fui (Y soy) muy respetuoso de los que se comieron años de carrera en una institución y que tienen el título que muchos de nosotros hubiéramos querido tener.

Fue hace un año atrás, si mal no recuerdo, cuando un periodista que merece toda mi admiración me dejó un saludo para el día del periodista y yo le hice la aclaración pertinente. Su respuesta fue contundente “Perdón ¿Vos a qué te dedicas? ¿Qué haces todos los días?” Con eso me bastó para bajarme de la falsa humildad que muchos de este lado intentan abanderar para hacerme cargo del mote que me dejó el trabajo diario.

Soy periodista, de pocos años y con muchos vacíos que hacen falta llenar, pero periodista al fin de cuentas ¿Por qué hago todas estas aclaraciones? Bueno, hace un tiempo que estudio Comunicación Social en el Cent35, una institución provincial dotada de excelentes profesionales que ha dado a nuestra ciudad varios trabajadores capacitados en áreas como el Diseño Gráfico, Enfermería, y Comunicación Social entre otros.

Empecé justamente porque entiendo que mi experiencia no es suficiente, porque el labor diario te limita en muchos aspectos, y porque además soy conciente que necesito un título que avale mi capacidad.

Pero el camino es complicado, sobre todo de volver a estudiar después de tantos años y tener que enfrentarse a instituciones esquematizadas formadoras de Comunicadores. Porque este es el primer freno ante mis planteos “Es que somos Comunicadores, no periodistas”.

En todo primer año no hay un solo trabajador de los medios entre los profesores. No los desmerezco, ni creo que no puedan enseñar, sólo digo que  están al frente de una carrera personas que no han pateado la calle, que no se esforzaron para ofrecer un producto diferente y que no tienen, a mi entender, ganas de formar en este sentido a los futuros comunicadores.

Hace un tiempo les escribí sobre la falta de referentes en el periodismo local, y hoy sumando esta indignación enorme que me generan algunos desplantes de estudiantes de la carrera la cuenta me cierra totalmente.

Son personas encerradas en conocimiento institucional. Buscan el cambio del rol social de los medios, pero no han salido una vez en su vida a ver qué pasaba fuera del tupper en el que se metieron hace dos, tres o cuatro años (quizá más). Plantean, escriben, hacen en base a trascendidos comunicativos que les han hecho leer.

Reitero, admiro en sobremanera a quienes tuvieron la chance de estudiar y la aprovecharon. A quienes se decidieron a tiempo y empezaron a cursar este tipo de carreras. No es mi caso, pero no por eso me voy a sentir menos.

No entiendo cómo escucho frases como “Si hablamos de investigación periodística abocada a la política siempre terminamos en casos de corrupción y dijimos que no íbamos a hablar de nada negativo” Como si saber investigar y brindar este material a la justicia y a la sociedad fuera malo.

Me indigno cuando leo los “cronogramas” de las famosas jornadas del día del periodista que tanto entusiasmo me generaron al principio y la mitad de los disertantes pertenecen a la ANAP (Sin exagerar), y los únicos referentes del periodismo que intentamos traer tienen programas en canal Encuentro.

Obvio, todo esto es bueno, aporta, es positivo pero ¿Esto queremos? Se ve que todos si, o la mayoría, yo por mi parte no. Y considero que muchos de nosotros (los periodistas) nos estamos quedando callados, sin hacer ni mirar qué cosas podemos aportar, cómo podemos sumar y lo que tenemos para decir.

¿Estoy equivocado? Posiblemente ¿Me la estoy creyendo? Seguro, y de eso si me hago cargo. Si no me la creyera no podría salir todos los días a trabajar. Ahora ¿Estos comunicadores queremos? ¿Estamos esperando desde afuera a que se golpeen con la realidad? ¿Somos del grupo de periodistas que se resingó porque acá no hay lugar para el periodismo?


Pensemos, opinemos, actuemos. El semillero de comunicadores que tenemos en Río Grande nos espera. Los esperamos, y los necesitamos.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Fabricación Fueguina: El mal ensamblado de informaciones y opiniones


La ley 19.640 que declara a Tierra del Fuego como zona de promoción industrial, detalla en su articulado una serie de beneficios impositivos para las empresas que decidan radicarse en la zona a fabricar sus productos.

Se ha hablado muchísimo, a favor y en contra de esta ley de Promoción Industrial, con informes favorables de quienes defienden el régimen, e informes contrarios que exhiben diferentes argumentos por los cuales creen que este régimen debería terminar.

En septiembre del 2007, se publica en el Boletín Oficial el decreto 1234 por el cual se prorroga la vigencia de la misma hasta el año 2023. De ahí en adelante la industria local tuvo un nuevo impulso, con todo lo que ello significa, que hoy por hoy está empleando a más de 13.000 personas.

Pero no me quiero centrar en lo positivo, o negativo de la ley, y si hay o no cuestiones discutibles en la misma. Existe otro aspecto, que se trata de la opinión general que existe en nuestro país sobre la producción local.

El 10 de Junio del 2012, el periodista Jorge Lanata publicó un informe en su programa “Periodismo Para Todos” sobre la fabricación en Tierra del Fuego titulado “Un cuento chino”. En el mismo, mostraba un recorrido por las plantas fueguinas en el cual se le explicaba desde la llegada de los “kits” de productos del exterior que eran ensamblados en las plantas locales para luego ser empaquetados y distribuidos en todo el país.

El ejemplo simplista que utilizó el periodista para graficar lo que era “ensamblar”, un barquito de plástico en varias piezas encastrables al estilo Rasti, fue suficientemente fuerte para que la palabra “Ensamblar” tomara una connotación negativa vigente hoy en día en el general de las personas.

Es increíble, pero este informe tuvo una repercusión tal, que muchos periodistas fueguinos fuimos materia de consulta para ver en realidad qué era lo que pasaba en las fabricas fueguinas que tanto habían abanderado al modelo de re industrialización que lleva adelante el Kircherismo.

En Tierra del Fuego ¿Se fabrica o se Ensambla?

“Fabricar un televisor, acá o en cualquier otra parte del mundo, tiene componentes que tiene que comprar a un tercero” Fueron las palabras que el periodista Lalo Zanoni, especializado en tecnología, usó luego de su visita a la planta de Philip en Río Grande cuando le consultaba si en nuestras plantas se fabricaba o se ensamblaba. (Acá la entrevista completa)



Y es cierto. Para quienes han tenido un acercamiento a las plantas fueguinas trabajado en ellas, o con alguna capacitación de en procesos de producción saben que definitivamente las fábricas fueguinas cuentan con la estructura y el proceso productivo que cualquier planta a nivel internacional.

Las diferentes marcas internacionales que deciden utilizar las plantas locales para producir sus productos a nivel nacional, tienen una serie de requisitos que hacen a la calidad del producto: el proceso, los materiales, la elaboración, los tiempos de producción, etc. Requisitos que hacen a la calidad del producto, para que un televisor Samusng fabricado en Brasil, tenga la misma calidad que el fabricado en Argentina o en Asia.

Ahora ¿Por qué pensamos que la palabra “ensamblar es mala? ¿Por qué creemos que traer materia prima de otro país para producir los productos locales es malo? ¿Por qué pensamos que es una mentira esto de la fabricación fueguina?

Hice una pequeña encuesta a través de Twitter, donde preguntaba qué resultaba más confiable: Si un producto fabricado en Tierra del Fuego ó un producto importado. Las opciones eran Si o No, aunque como toda red social, mucha gente dijo mucho más de lo que se le preguntaba.

En cuanto a la respuesta básica, la mayoría de las personas contestó que confiaba más en un producto importado. Quienes se animaron a profundizar su respuesta se podía percibir un factor común “En Tierra del Fuego no se fabrica, se ensambla”. No de forma aclaratoria, sino de forma despectiva. Las respuestas de las personas fueron increíbles.



No me quiero parar como crítico de quienes libremente opinan sobre el tema, ni denostar su participación por considerarlos inexpertos en materia de fabricación de tecnología. Lo que quiero demostrar es cómo una idea puede instalarse en la opinión de la gente en tal grado, que no crean necesario investigar un poco más sobre los hechos ¿Por qué un informe es tan fuerte que sin importar la cantidad de contra informes, documentales, investigaciones periodísticas que se puedan hacer, la idea negativa sigue siendo la preponderante?

Las interpretaciones de los hechos en todos los sentidos están atravesadas por nuestras propias experiencias. Lo que vivimos, lo que experimentamos, lo que sentimos; todo es condicionante al momento de incorporar una información. Cuando elegimos, casi sin intención, una parte de la verdad, antes que ver la verdad completa de los hechos.

Quizá, y esto es solo una suposición, la mayoría de las personas que contestaron la encuesta tienen una experiencia negativa con algún producto “Made in Tierra del Fuego”. O no solo eso, quizá tienen una mala experiencia diaria con el gobierno de turno que tanto promociona la producción nacional. Tal vez han sufrido inseguridad, o se han visto complicados por el cepo cambiario en sus negocios, o siguen sin cobrar sus juicios a la ANSES que cualquier visión negativa extra que se le pueda dar es bien recibida para sumar al “descontento colectivo”.

Estos posibles condicionantes, hacen que sea necesario un replanteo no solo de cómo percibimos la información sino también de cómo brindamos la misma ¿Somos consientes de cómo nos condicionan nuestras experiencias cuando nos dan una información? ¿Tenemos en cuenta que en su mayoría, los medios muestran la realidad de forma tal que pueda alimentar una postura hacia tal o cual tema?

Y esto no quiere ser de ninguna manera una defensa al Gobierno Nacional, se simplemente un llamado de atención ante la manipulación mediática que se vive hoy en todos lados, incluido nuestro país.

Efectivamente, la fabricación en Tierra del Fuego cumple con los estándares de calidad internacional que avalan la producción de diferentes elementos tecnológicos. Así y todo muchos prefieren pensar que las fabricas en nuestra isla son otra mentira de “El Modelo”.

Cuando se adquiere un producto fabricado en Tierra del Fuego, todos estos datos, todas estas emociones y posturas hacen que nuestra perspectiva sobre lo que adquirimos se vea condicionada.

 No pensamos si es verdad que en todos lados se fabrican de la misma manera. No nos hemos planteado si en realidad Blackberry hace en Tierra del Fuego lo mismo que Apple en Estados Unidos, trayendo la materia prima íntegra de países asiáticos y cumpliendo sólo con la etapa de ensamble en sus plantas de California. Nadie compra un iPad y dice “Es Chino, no me da confianza” ¿O sí? Pero sí los productos fueguinos son importados porque sólo se ensamblan en Tierra del Fuego.

Más allá de la crítica que se le pueda hacer a grupos mediáticos que persiguen intereses particulares, tanto del estado como privados, la crítica debería ser hacia nosotros mismos. Porque nos conformamos con una campana, la que nos conviene. Porque nos hemos acostumbrado a que argumenten por nosotros y nos armen una visión de la realidad basada en nuestra comodidad.

¿Qué estoy leyendo? ¿Qué elegí ver? ¿Cómo me está afectando? Son preguntas que habría que hacerse cada vez que abrimos un diario, vemos un informe, ponemos un noticiero, y alimentamos nuestro razonamiento de argumentos al momento de plantear una postura.