jueves, 15 de noviembre de 2012

El No #8N


El pasado 8 de noviembre me parecía en lo personal una fecha trascendental. Lejos de cualquier movimiento mal denominado golpista o desestabilizador, me pareció una maravillosa expresión de democracia. Quienes no estaban de acuerdo con decisiones políticas que está llevando a cabo la presidente Cristina Fernández (O la clase política dirigente local, sea cual fuere)  se auto convocaron para generar un cacerolazo que movilizó a más de dos millones de personas en el país.

Nuestra ciudad obviamente no debía quedar fuera. Las páginas web donde se organizaba la movilización habían citado a los caceroleros a las 20hs en la plaza de las Américas (Aunque circularon otros lugares de concentración como la plaza Alte. Brown). Había decidido ir, reconozco que con poca expectativa.
Dudé mientras me dirigía al lugar de concentración. Pensaba si en realidad alguien se iba a sumar a la marcha. Pensaba en la actualidad política de nuestra provincia y las relaciones que tiene el gobierno, en los comentarios de algunos amigos que opinaban sobre la marcha ¿Había gente motivada en serio para salir a reclamar? ¿Se había entendió la consigna del #8N o quedó en las versiones que algunos medios querían imponer sobre la marcha?

Llegué al lugar. A la primera vuelta solo se divisaban 3 personas en la zona central de la plaza, y algunos pocos que se acercaban dudosos al lugar. Recordé otras marchas, recordé otros reclamos. Revolví en mi mente las marchas sociales masivas, como la que pudo llevarse a cabo por Sofía Herrera cuando el caso todavía nos conmocionaba.  Recordé otras marchas masivas: en todas, el empuje gremial era casi el motor de la misma.

Una de las más grandes fue movilizada por la UOM, miles de personas en las calles para decirle no al tarifazo que intentaba implementar el Gobierno provincial. Todos coordinados por sus delegados. Todos reclamando, porque sabían que si no estaban dando el presente, les iba a pasar factura a la hora de quedar o no efectivos, u obtener o no un nuevo contrato o puesto en otra fábrica.

La última marcha por Sofía Herrera, cuando se cumplían 4 años de su desaparición fue desesperantemente escasa. El recuerdo está, el reclamo en las calles se escucha, pero si hay que ir, si hay que hacer, si hay que moverse, en Río Grande no hay motivación como para reclamar afuera.

¿Habrá sido la poca trascendencia que los medios le habían dado al #8N la responsable de la poca gente? ¿Vivíamos en una provincia conforme con este gobierno? No, la respuesta no estaba ahí.

Rio Grande no se ha destacado en su historia por tener gente socialmente activa. Una sociedad en la calle. No sabemos ponernos de acuerdo para reclamar juntos por algo o alguien sin que exista algún otro interés detrás que la motorice, o alguien que nos empuje.

Será que no hay militancia. Será que no existen causas  comunes que trasciendan a todos los ámbitos de la sociedad que todavía no me las he cruzado. Lo cierto es que Río Grande es frío, y no hablo del clima. Es indiferente, no le importa tanto el otro como para sumarse a su causa. El problema es del resto, puede creer alguno. Pero no. El problema es nuestro, que vivimos en una ciudad individual, pero por ahora eso, a pocos y a ningunos les interesa. 

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