lunes, 6 de mayo de 2013

No es periodismo, es comunicación.


Mi nombre es Pablo Esteban Riffo Torres. Nací un 17 de febrero de 1987 en el barrio de Almagro, en Capital Federal. Dios y la vida me han llevado a vivir en varias ciudades patagónicas, por lo cual mi nacimiento en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires es a lo mejor una mera casualidad, si es que creyera en ellas.

Hace poco más de tres años que me dedico exclusivamente al trabajo en medios y agradezco esto. Mi corta carrera empezó hace unos años en Comodoro Rivadavia, trabajando en una consultora de Comunicación auditando medios y desgrabando entrevistas. Obviamente en ese momento nadie me alertó que me estaba metiendo en el vasto mundo del periodismo.

La inquietud, la intriga, la curiosidad que ya tenía adentro surgieron con fuerza la vez que tuve chance de sentarme detrás de un micrófono y hacer preguntas a mis primeros entrevistados años después en la ciudad de Río Grande, en Tierra del Fuego.

Era cuestión de tiempo para  que yo sin dudar respondiera “periodismo” ante la pregunta “¿A qué te dedicas?”. Lo hago porque así lo siento, porque a eso me dedico más allá de los títulos y papeletas. No era de hacerlo, siempre fui (Y soy) muy respetuoso de los que se comieron años de carrera en una institución y que tienen el título que muchos de nosotros hubiéramos querido tener.

Fue hace un año atrás, si mal no recuerdo, cuando un periodista que merece toda mi admiración me dejó un saludo para el día del periodista y yo le hice la aclaración pertinente. Su respuesta fue contundente “Perdón ¿Vos a qué te dedicas? ¿Qué haces todos los días?” Con eso me bastó para bajarme de la falsa humildad que muchos de este lado intentan abanderar para hacerme cargo del mote que me dejó el trabajo diario.

Soy periodista, de pocos años y con muchos vacíos que hacen falta llenar, pero periodista al fin de cuentas ¿Por qué hago todas estas aclaraciones? Bueno, hace un tiempo que estudio Comunicación Social en el Cent35, una institución provincial dotada de excelentes profesionales que ha dado a nuestra ciudad varios trabajadores capacitados en áreas como el Diseño Gráfico, Enfermería, y Comunicación Social entre otros.

Empecé justamente porque entiendo que mi experiencia no es suficiente, porque el labor diario te limita en muchos aspectos, y porque además soy conciente que necesito un título que avale mi capacidad.

Pero el camino es complicado, sobre todo de volver a estudiar después de tantos años y tener que enfrentarse a instituciones esquematizadas formadoras de Comunicadores. Porque este es el primer freno ante mis planteos “Es que somos Comunicadores, no periodistas”.

En todo primer año no hay un solo trabajador de los medios entre los profesores. No los desmerezco, ni creo que no puedan enseñar, sólo digo que  están al frente de una carrera personas que no han pateado la calle, que no se esforzaron para ofrecer un producto diferente y que no tienen, a mi entender, ganas de formar en este sentido a los futuros comunicadores.

Hace un tiempo les escribí sobre la falta de referentes en el periodismo local, y hoy sumando esta indignación enorme que me generan algunos desplantes de estudiantes de la carrera la cuenta me cierra totalmente.

Son personas encerradas en conocimiento institucional. Buscan el cambio del rol social de los medios, pero no han salido una vez en su vida a ver qué pasaba fuera del tupper en el que se metieron hace dos, tres o cuatro años (quizá más). Plantean, escriben, hacen en base a trascendidos comunicativos que les han hecho leer.

Reitero, admiro en sobremanera a quienes tuvieron la chance de estudiar y la aprovecharon. A quienes se decidieron a tiempo y empezaron a cursar este tipo de carreras. No es mi caso, pero no por eso me voy a sentir menos.

No entiendo cómo escucho frases como “Si hablamos de investigación periodística abocada a la política siempre terminamos en casos de corrupción y dijimos que no íbamos a hablar de nada negativo” Como si saber investigar y brindar este material a la justicia y a la sociedad fuera malo.

Me indigno cuando leo los “cronogramas” de las famosas jornadas del día del periodista que tanto entusiasmo me generaron al principio y la mitad de los disertantes pertenecen a la ANAP (Sin exagerar), y los únicos referentes del periodismo que intentamos traer tienen programas en canal Encuentro.

Obvio, todo esto es bueno, aporta, es positivo pero ¿Esto queremos? Se ve que todos si, o la mayoría, yo por mi parte no. Y considero que muchos de nosotros (los periodistas) nos estamos quedando callados, sin hacer ni mirar qué cosas podemos aportar, cómo podemos sumar y lo que tenemos para decir.

¿Estoy equivocado? Posiblemente ¿Me la estoy creyendo? Seguro, y de eso si me hago cargo. Si no me la creyera no podría salir todos los días a trabajar. Ahora ¿Estos comunicadores queremos? ¿Estamos esperando desde afuera a que se golpeen con la realidad? ¿Somos del grupo de periodistas que se resingó porque acá no hay lugar para el periodismo?


Pensemos, opinemos, actuemos. El semillero de comunicadores que tenemos en Río Grande nos espera. Los esperamos, y los necesitamos.

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