La ley 19.640 que declara a Tierra del Fuego como zona de
promoción industrial, detalla en su articulado una serie de beneficios
impositivos para las empresas que decidan radicarse en la zona a fabricar sus
productos.
Se ha hablado muchísimo, a favor y en contra de esta ley de
Promoción Industrial, con informes favorables de quienes defienden el régimen,
e informes contrarios que exhiben diferentes argumentos por los cuales creen
que este régimen debería terminar.
En septiembre del 2007, se publica en el Boletín Oficial el
decreto 1234 por el cual se prorroga la vigencia de la misma hasta el año 2023. De ahí en
adelante la industria local tuvo un nuevo impulso, con todo lo que ello
significa, que hoy por hoy está empleando a más de 13.000 personas.
Pero no me quiero centrar en lo positivo, o negativo de la
ley, y si hay o no cuestiones discutibles en la misma. Existe otro aspecto, que
se trata de la opinión general que existe en nuestro país sobre la producción
local.
El 10 de Junio del 2012, el periodista Jorge Lanata publicó
un informe en su programa “Periodismo Para Todos” sobre la fabricación en
Tierra del Fuego titulado “Un cuento chino”. En el mismo, mostraba un recorrido
por las plantas fueguinas en el cual se le explicaba desde la llegada de los “kits” de productos del exterior que eran ensamblados en las plantas locales para luego
ser empaquetados y distribuidos en todo el país.
El ejemplo simplista que utilizó el periodista para graficar
lo que era “ensamblar”, un barquito de plástico en varias piezas encastrables
al estilo Rasti, fue suficientemente fuerte para que la palabra “Ensamblar”
tomara una connotación negativa vigente hoy en día en el general de las
personas.
Es increíble, pero este informe tuvo una repercusión tal,
que muchos periodistas fueguinos fuimos materia de consulta para ver en
realidad qué era lo que pasaba en las fabricas fueguinas que tanto habían abanderado
al modelo de re industrialización que lleva adelante el Kircherismo.
En Tierra del Fuego ¿Se fabrica o se Ensambla?
“Fabricar un televisor, acá o en cualquier otra parte del
mundo, tiene componentes que tiene que comprar a un tercero” Fueron las
palabras que el periodista Lalo Zanoni, especializado en tecnología, usó luego
de su visita a la planta de Philip en Río Grande cuando le consultaba si en
nuestras plantas se fabricaba o se ensamblaba. (Acá la entrevista completa)
Y es cierto. Para quienes han tenido un acercamiento a las
plantas fueguinas trabajado en ellas, o con alguna capacitación de en procesos de
producción saben que definitivamente las fábricas fueguinas cuentan con la
estructura y el proceso productivo que cualquier planta a nivel internacional.
Las diferentes marcas internacionales que deciden utilizar
las plantas locales para producir sus productos a nivel nacional, tienen una
serie de requisitos que hacen a la calidad del producto: el proceso, los materiales,
la elaboración, los tiempos de producción, etc. Requisitos que hacen a la
calidad del producto, para que un televisor Samusng fabricado en Brasil, tenga
la misma calidad que el fabricado en Argentina o en Asia.
Ahora ¿Por qué pensamos que la palabra “ensamblar es mala?
¿Por qué creemos que traer materia prima de otro país para producir los
productos locales es malo? ¿Por qué pensamos que es una mentira esto de la
fabricación fueguina?
Hice una pequeña encuesta a través de Twitter, donde
preguntaba qué resultaba más confiable: Si un producto fabricado en Tierra del
Fuego ó un producto importado. Las opciones eran Si o No, aunque como toda red
social, mucha gente dijo mucho más de lo que se le preguntaba.
En cuanto a la respuesta básica, la mayoría de las personas
contestó que confiaba más en un producto importado. Quienes se animaron a
profundizar su respuesta se podía percibir un factor común “En Tierra del Fuego
no se fabrica, se ensambla”. No de forma aclaratoria, sino de forma despectiva.
Las respuestas de las personas fueron increíbles.
No me quiero parar como crítico de quienes libremente opinan
sobre el tema, ni denostar su participación por considerarlos inexpertos en
materia de fabricación de tecnología. Lo que quiero demostrar es cómo una idea
puede instalarse en la opinión de la gente en tal grado, que no crean necesario
investigar un poco más sobre los hechos ¿Por qué un informe es tan fuerte que
sin importar la cantidad de contra informes, documentales, investigaciones
periodísticas que se puedan hacer, la idea negativa sigue siendo la preponderante?
Las interpretaciones de los hechos en todos los sentidos están
atravesadas por nuestras propias experiencias. Lo que vivimos, lo que
experimentamos, lo que sentimos; todo es condicionante al momento de incorporar
una información. Cuando elegimos, casi sin intención, una parte de la verdad,
antes que ver la verdad completa de los hechos.
Quizá, y esto es solo una suposición, la mayoría de las
personas que contestaron la encuesta tienen una experiencia negativa con algún
producto “Made in Tierra del Fuego”. O no solo eso, quizá tienen una mala
experiencia diaria con el gobierno de turno que tanto promociona la producción
nacional. Tal vez han sufrido inseguridad, o se han visto complicados por el
cepo cambiario en sus negocios, o siguen sin cobrar sus juicios a la ANSES que
cualquier visión negativa extra que se le pueda dar es bien recibida para sumar
al “descontento colectivo”.
Estos posibles condicionantes, hacen que sea necesario un
replanteo no solo de cómo percibimos la información sino también de cómo
brindamos la misma ¿Somos consientes de cómo nos condicionan nuestras
experiencias cuando nos dan una información? ¿Tenemos en cuenta que en su mayoría,
los medios muestran la realidad de forma tal que pueda alimentar una postura
hacia tal o cual tema?
Y esto no quiere ser de ninguna manera una defensa al
Gobierno Nacional, se simplemente un llamado de atención ante la manipulación
mediática que se vive hoy en todos lados, incluido nuestro país.
Efectivamente, la fabricación en Tierra del Fuego cumple con
los estándares de calidad internacional que avalan la producción de diferentes
elementos tecnológicos. Así y todo muchos prefieren pensar que las fabricas en
nuestra isla son otra mentira de “El Modelo”.
Cuando se adquiere un producto fabricado en Tierra del
Fuego, todos estos datos, todas estas emociones y posturas hacen que nuestra
perspectiva sobre lo que adquirimos se vea condicionada.
No pensamos si es
verdad que en todos lados se fabrican de la misma manera. No nos hemos
planteado si en realidad Blackberry hace en Tierra del Fuego lo mismo que Apple
en Estados Unidos, trayendo la materia prima íntegra de países asiáticos y
cumpliendo sólo con la etapa de ensamble en sus plantas de California. Nadie
compra un iPad y dice “Es Chino, no me da confianza” ¿O sí? Pero sí los
productos fueguinos son importados porque sólo se ensamblan en Tierra del Fuego.
Más allá de la crítica que se le pueda hacer a grupos
mediáticos que persiguen intereses particulares, tanto del estado como
privados, la crítica debería ser hacia nosotros mismos. Porque nos conformamos
con una campana, la que nos conviene. Porque nos hemos acostumbrado a que
argumenten por nosotros y nos armen una visión de la realidad basada en nuestra
comodidad.
¿Qué estoy leyendo? ¿Qué elegí ver? ¿Cómo me está afectando?
Son preguntas que habría que hacerse cada vez que abrimos un diario, vemos un
informe, ponemos un noticiero, y alimentamos nuestro razonamiento de argumentos
al momento de plantear una postura.
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